La República Mexicana, en su nacimiento y existencia, así como en el trascurrir de su formación y consolidación le fue necesario vivir experimentando y soportando un cumulo de vicisitudes que gracias al temple y tozudez de sus hijos, han sido superadas con éxito, no sin haber perdido en el camino de los tiempos; vidas, y enormes porciones de territorio, profundas heridas causadas a su soberanía, invasiones arteras y desangramiento en sus cauces sociales.

Los diques y contenedores ideológicos y las acciones emprendidas por sus hombres y mujeres, evitaron que los diversificados y mortales males que reiteradamente han azotado a México en el transcurso de su historia, desmembraran al país, provocados unos, por extranjeros codiciosos y ávidos de posesiones, poder y riquezas sin fin, saqueadores persistentes de nuestro suelo patrio, muchos de ellos apoyados por malos mexicanos, pero unos y otros, siempre se encontraron ante la decisiva y contundente respuesta de la unidad nacional, liderada en cada etapa, por viriles y consientes patriotas, poseedores como pocos de un espíritu indomable característico de nuestra raza, de ello tenemos muchos ejemplos que quedaron puntualmente registrados en la historia de nuestro México.

Hombres son los que hacen las revoluciones, hombres son los que forjan a golpe de conciencia sus ideales, hombres son los que con su entrega en la refriega contra los opuestos al bien común y por ende a la patria, merecen con infinito respeto y admiración ser recordados, ser homenajeados, su estatura cívica, su acendrado amor patrio y su entrega total sin cortapisas de ningún tipo, sabedores en conciencia del bienestar y la justicia social, base irrefutable de la convivencia humana, productora de paz social y desarrollo de los pueblos, el día 21 de marzo nos motivó a reunirnos para recordar, a uno de los mexicanos más insignes y preclaros: al Licenciado Don Benito Pablo Juárez García, a doscientos dieciséis años de su nacimiento, perfectamente conscientes de que mientras más tiempo transcurre, su obra agiganta su actitud como hombre de gobierno, como hombre fundador de la reforma triunfante, como el estadista, como el hombre que consolido la Republica y sentó las bases del México moderno, trascendiendo su ideario y actitud congruentes, a otros pueblos de nuestro continente, despertando la admiración y el respeto hacia el enorme patricio Mexicano.

Juárez, el hombre imperturbable, el inconmovible, el presidente de la férrea voluntad, el genio que forjo su mentalidad en la fragua de su carácter, hoguera que ilumino cotidianamente en su inteligencia, un querer que se agiganta y crece con los acontecimientos, una inmensa energía psíquica jamás inferior a su obra, energía inmensa en la que se funden como un crisol incandescente virtudes y defectos, todo lo que es humano, todo lo que ancla al hombre a la tierra en su aleteo perpetuo hacia un ideal. Tal fue la voluntad de Juárez, que por eso da enseñanza que acrecienta la fuerza viril del alma.

Juárez; presenciaste el triunfo de tu tesón, de tu ahínco , de tu obra, de tu fe; en ese triunfo te dejamos, en esa luz de apoteosis perdurara tu memoria, tu gran época de luchador; hombre de gobierno, quisiste fundar una administración y vencer para siempre los elementos de la guerra civil, por tus armas primero, luego por leyes de sabiduría y justicia, y trataste de levantar al pueblo mexicano, cuya substancia era tu raza, al grado superior que tu habías ascendido, para que adquiriera plena consciencia de sí mismo, abriendo de par en par ante su camino las puertas de la escuela, y entre tus pensamientos con dedo de fuego señalaste “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan; que en nuestras conciencias quede muy claro que, no se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley señala”.

El partido liberal, que hoy es la Nación, en manos de ella ha puesto tu gran recuerdo, y la Nación de mañana, y la de hoy, y la de siempre, oirá en cada conciencia de niño, en cada inteligencia que despierta, las divinas palabras maternales de la escuela laica, de la escuela nacional, que cantara tus alabanzas, que bendecirá tu obra. Es justo ya que no te fue posible vivir para presenciar la resurrección definitiva de la patria en la prosperidad y en la paz, asistas a esta gran época, unido al cerebro y al corazón de cada mexicano que realmente ame a su país pues nadie lo amo como tú. Y hoy todos estamos contigo, será inútil injuriarte o rebajarte; la diatriba será un remusgo que hará espuma en torno al arrecife inconmovible, pasara y morirá, pues tus detractores se han consumido en su propio fuego, en su propio odio, han quedado siempre aniquilados victimas de su incongruencia irracional, su egoísmo fuente de su denostación se hizo pedazos una y otra vez ante la magnificencia de tu genialidad visionaria, de tu temeridad ejemplar propia de tu raza, de tu bronce aquilatado en la libertad, en la justicia, en la razón de ser de la patria, de ese patrimonio y derecho que se tiene para que sus gentes vivan en paz, disfrutando del producto de su trabajo, de su cielo, de su suelo, de sus congéneres, auténticos dueños de la herencia nacional, que tantos esfuerzos y sacrificios costo a nuestros antepasados, que vistieron a la patria con ropajes inmaculados de honor y gloria, para orgullo nuestro.

El 21 de marzo celebrando los ritos de nuestra religión cívica, cada generación, al partir, dirá a la generación que se levanta y llega: perseverad como el, quered como el, creed como él y le entregara la antorcha de inextinguible luz.

Juárez, todos estamos contigo; el día que el pacificador, el gran adversario de tus postreros días de lucha, llevo reverente a tu mausoleo la corona del recuerdo nacional, todo lo pasado quedo en la sombra y surgió definitivamente al sol tu ideal y tu gloria. Sea ella el símbolo de unión y de concordia; sea un ara en que fraternicemos los mexicanos. Nunca podrá ser turbada la paz del reposo augusto, que ganaste bien, perenne batallador; no podrá nadie arrancar tu nombre del alma del pueblo, ni remover tus huesos en tu sepulcro; para llegar a ellos será necesario antes, hacer pedazos la sagrada bandera de la Republica, que te envuelve y te guarda.

La nueva era de México, con la obra de Juárez, el gran genio reformador hizo mucho, la muerte lo sorprendió ideando, trabajando en sus escritos y despachos, deseando hacer más, en esta nuestra era, es responsabilidad de todas y de todos, Juárez cumplió con la patria, entonces pues en este nuestro tiempo al unísono cumplamos con nuestra tarea en el armonioso concierto del trabajo nacional, y en los días postreros nuestros hijos nos lo agradecerán y conservaran.

Diego Varela de león
Libre pensador, amante de la música, el deporte y la lectura.


 
 

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