En nuestro país, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce en el artículo 4° al hombre y a la mujer iguales ante la ley. Sin embargo, hay grandes diferencias en los hechos. 

En este sentido, colectivos feministas, sociedad civil de manera importante y, claro, organismos internacionales han trabajado para lograr la igualdad entre las personas, uniendo iniciativas, esfuerzos y recursos para atenuar las diferencias estructurales que padece el sexo femenino por el hecho de haber nacido con esta diferencia biológica. Reconociendo esta desventaja, se contempla en la Agenda 2030 un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad, en el cual los países y las personas de todo el mundo deciden emprender nuevas vías hacia el futuro. En su objetivo 5, se reconoce este problema enfocado a lograr la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas.

Lo masculino y lo femenino derivan de construcciones sociales y culturales determinadas en un contexto histórico. De esta manera, la masculinidad es definida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos como el conjunto de valores, comportamientos y conductas que son característicos del hombre en una sociedad determinada. La masculinidad es una ideología que se aprende, se construye, y, por lo tanto, también se puede cambiar. 

Los estereotipos y el sexismo acentúan la desigualdad que afecta a todas las personas, pero de manera diferenciada a niñas y mujeres con respecto a los niños y a los hombres, ya que éstos desde que nacen, las construcciones sociales y culturales condicionan su comportamiento y sus gustos a la forma tradicional de ser hombres, como proveedores, a usar colores determinados, tener preferencia por ciertas profesiones vinculadas a la masculinidad tradicional, a ser fuertes, insensibles, y a comportarse superiores a las mujeres bajo el principio de dominación por el simple hecho de poseer el sexo masculino. Quien no encaja o encajaba vive burlas, acoso y también discriminación.

En una sociedad, es necesario pensar en el rol invisibilizado que los hombres deben asumir la cual se ha incorporado a los términos de las nuevas masculinidades o masculinidades alternas. Asumir las nuevas masculinidades permite relaciones de convivencia más sana y de respeto entre mujeres y hombres, pero también entre los hombres mismos, quienes también suelen ser discriminados por otros hombres que asumen una masculinidad distinta a la tradicional. 

Esta nueva visión significa empatizar con las mujeres que presentan diferencias estructurales como los llamados techos de cristal, la violencia de género, la brecha salarial, le feminización de la pobreza o de los cuidados. Esta es una deuda pendiente de instituciones tanto públicas como privadas y de los Estados-Nación.

Aunado a lo anterior, es de suma importancia implementar y ampliar las licencias de paternidad como lo realizó el Poder Judicial de la Federación el año pasado, fomentando la corresponsabilidad en tareas de cuidado, acentuar la convivencia entre padres, hijas e hijos, a tener una conciliación entre su vida laboral y personal y a tener un alivio en la carga psicológica, social y económica de ser el principal o el único proveedor en el hogar.

Este es un tema que requiere de iniciar con un cambio de conciencia individual entre las personas para poder hacer las transformaciones que contribuyan a atenuar las grandes brechas de género existentes. 

Una mejor humanidad es aquella donde todas y todos cabemos, con respeto, inclusión y responsabilidad. Nuevas masculinidades es un asunto de todas y todos por el Estado de Zacatecas y por un país cuya violencia en lugar de cesar, se incrementa brutalmente todos los días.


 
 

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