El COVID prolongado es una afección compleja posterior a la infección por coronavirus que puede ser difícil de diagnosticar, ya que tiene una variedad de más de 200 síntomas, algunos de los cuales pueden parecerse a otras enfermedades. Pueden ir desde agotamiento y deterioro cognitivo hasta dolor, fiebre y palpitaciones cardíacas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Varios científicos de organizaciones que incluyen los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y la agencia de recopilación de datos de Gran Bretaña están comenzando a estudiar un vínculo potencial con el suicidio, luego de la evidencia de un aumento de casos de depresión y pensamientos suicidas entre personas con COVID prolongado, así como un número creciente de muertes. De todas formas, no hay datos fidedignos sobre la frecuencia de los suicidios entre los pacientes.

Un caso que trascendió fue el de Scott Taylor, de 56 años, quien contrajo la infección en la primavera boreal de 2020 y 18 meses más tarde continuaba con síntomas severos de long COVID. Entonces fue cuando se suicidó en su casa de la ciudad estadounidense de Dallas.

“A nadie le importa. Nadie quiere tomarse el tiempo para escuchar”, escribió Scott Taylor en un mensaje final a un amigo. De alguna forma estaba hablando también de la difícil situación de millones de personas que padecen los síntomas de COVID durante mucho tiempo, una condición incapacitante que puede durar meses después de la infección inicial.

De hecho la comunidad científica internacional y la OMS tardó meses en reconocer el long COVID o COVID prolongado como una enfermedad derivada de la infección. Aún hoy, los posibles efectos a largo plazo del COVID-19 no se comprenden bien, y los gobiernos y los científicos recién están comenzando a estudiar sistemáticamente el área a medida que emergen de una pandemia que sorprendió a gran parte del mundo. En agosto último se conoció un nuevo trabajo realizado en los Países Bajos y publicado en la prestigiosa revista The Lancet que reveló que uno de cada ocho adultos (12,7%) infectados por el COVID-19 experimenta síntomas a largo plazo.

Por su parte, el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington estimó que alrededor del 15% todavía experimenta síntomas después de 12 meses de la infección. No existe un tratamiento comprobado y los síntomas debilitantes pueden dejar a los pacientes incapaces de trabajar. Solo en Estados Unidos, la condición ha afectado a hasta 23 millones de personas, estimó la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de ese país en marzo último.

En su carta Taylor agregó: “Difícilmente puedo lavar la ropa sin agotamiento total, dolor, fatiga, dolor en toda mi columna. El mundo me da vueltas, náuseas, vómitos, diarrea. Parece que digo cosas y no tengo idea de lo que digo”.

“Estoy seguro de que el COVID prolongado está asociado con pensamientos suicidas, intentos de suicidio, planes suicidas y el riesgo de muerte por suicidio. Simplemente no tenemos datos epidemiológicos”, dijo Leo Sher, psiquiatra del Sistema de Salud Mount Sinai en New York, que estudia los trastornos del estado de ánimo y la conducta suicida.

Pero las preguntas que la ciencia aún debe responder son muchas y fundamentales: el COVID prolongado ¿aumenta potencialmente el riesgo de suicidio entre los pacientes porque el virus está cambiando la biología del cerebro? ¿O la pérdida de su capacidad para funcionar como antes lleva a las personas al borde del abismo, como puede suceder con otras afecciones de salud a largo plazo?

Un estudio realizado por investigadores del King’s College de Londres afirmó que hay tres tipos de COVID de larga duración: una rama neurológica, una respiratoria y la tercera forma que es una gama diversa de síntomas más graves y de mayor alcance. Los pacientes con post COVID que tienen más síntomas neurológicos padecen fatiga, niebla cerebral y dolor de cabeza. Un segundo grupo de pacientes experimentó síntomas respiratorios, como dolor en el pecho, problemas pulmonares y dificultad para respirar y los síntomas del último grupo incluyen palpitaciones, dolores musculares, cambios en la piel y el cabello, así como “síntomas multiorgánicos debilitantes”.

Sher agregó que los trastornos del dolor en general eran un predictor muy fuerte de suicidio, al igual que la inflamación en el cerebro, que varios estudios han relacionado con el COVID prolongado. El psiquiatra advirtió: “Deberíamos tomar esto en serio”.

Un análisis para Reuters realizado por la firma de datos de salud con sede en Seattle Truveta mostró que los pacientes con COVID prolongado tenían casi el doble de probabilidades de recibir una receta antidepresiva por primera vez dentro de los 90 días posteriores a su diagnóstico inicial de COVID-19 en comparación con las personas diagnosticadas solo con la infección por SARS-CoV-2.

El análisis se basó en datos de 20 de los principales sistemas hospitalarios de Estados Unidos, incluidos más de 1,3 millones de adultos con diagnóstico de COVID-19 y 19.000 con un diagnóstico de COVID prolongado, entre mayo de 2020 y julio de 2022. El long COVID también ha dejado sin trabajo a aproximadamente 4,5 millones de personas en Estados Unidos, lo que equivale a aproximadamente el 2,4% de la fuerza laboral del país, dijo al Congreso en julio la experta en empleo Katie Bach de Brookings Institution. En todo el mundo, se estima que casi 150 millones de personas han desarrollado COVID prolongado durante los primeros dos años de la pandemia, según el IHME.

Murad Khan, profesor de psiquiatría en la Universidad Aga Khan en Karachi, Pakistán, que forma parte de un grupo internacional de expertos que investigan el riesgo de suicidio relacionado con el COVID-19 reconoció: “Tenemos un gran problema, pero no sabemos el alcance del problema”.

Otro caso detectado fue el de Heidi Ferrer, una guionista de televisión de 50 años originaria de Kansas, quien se suicidó en mayo de 2021, según su esposo, el cineasta Nick Güthe, fue debido a los temblores y el dolor insoportable que la dejaron incapaz de caminar o dormir después de contraer COVID-19 más de un año antes.

Güthe se ha convertido en un defensor de los pacientes con COVID prolongado desde la muerte de su esposa. Admitió que hasta comienzos de este año no había oído hablar de otros suicidios dentro de la red de pacientes con COVID prolongado, pero “ahora vienen semanalmente” las noticias, aseguró.

Survivor Corps, un grupo al que pertenece Güthe, que defiende y da apoyo a los pacientes con COVID de larga data, dijo que encuestó a sus miembros en mayo y descubrió que el 44% de casi 200 entrevistados dijeron que habían considerado el suicidio.

Según Lauren Nichols, miembro de la junta de Body Politic, otro grupo de apoyo a pacientes con long COVID, dijo que a través del contactos por las redes sociales con miembros de esa asociación, que integran unas 11.000 personas, sabía de más de 50 personas con ese cuadro que se habían suicidado. Nichols, de 34 años, experta en logística del Departamento de Transporte de Estados Unidos en Boston, dijo que ella misma ha considerado el suicidio en varias ocasiones debido a los síntomas que sufre posteriores a contraer COVID-19, hace más de dos años.

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos están rastreando los impactos en la salud mental como parte de su estudio RECOVER sobre COVID prolongado. Los primeros resultados sobre las tasas de ansiedad y depresión se esperan para principios de septiembre, pero la información sobre el suicidio llevará más tiempo, dijo el doctor Stuart Katz, investigador principal.

“Lo que sí sabemos es que las personas con enfermedades crónicas son susceptibles a pensamientos suicidas, intentos de suicidio y suicidio consumado”, reveló Richard Gallagher, profesor asociado de psiquiatría infantil en NYU Langone Health, que forma parte de RECOVER.

Sobre la cuestión de si el virus cambia el cerebro, Gallagher dijo que había alguna evidencia de que la COVID puede causar inflamación cerebral, que se ha relacionado con el suicidio y la depresión, incluso entre personas que tenían una enfermedad relativamente leve. “Puede haber efectos tóxicos directos, de alguna manera, por parte del virus, y parte de ellos serán la inflamación”, explicó.

El COVID prolongado en promedio reduce la salud general en un 21%, similar a la sordera total o a una lesión cerebral traumática, encontró el IHME de la Universidad de Washington.

Aunque algunos expertos esperaban que fuera menos probable que Ómicron causara un COVID prolongado, los datos oficiales del Reino Unido publicados este mes encontraron que el 34% de los 2 millones de pacientes con esa enfermedad en el país desarrollaron sus síntomas después de una infección por la última de las variantes del coronavirus conocida.

También un grupo asesor del gobierno británico está estudiando el riesgo de suicidio de los pacientes con COVID prolongado en comparación con la población en general, mientras que la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) del estado está investigando si puede evaluar por adelantado el riesgo de suicidio de un paciente con COVID prolongado como lo hace para las personas con otros enfermedades, como el cáncer.

“Las condiciones de salud que son incapacitantes a largo plazo pueden aumentar el riesgo de suicidio, de ahí la preocupación por el COVID prolongado”, dijo Louis Appleby, profesor de psiquiatría en la Universidad de Manchester y asesor del gobierno del Reino Unido.

Una investigación en Gran Bretaña y España encontró un riesgo seis veces mayor de suicidio entre los pacientes con encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC), otra enfermedad posviral con síntomas similares a los del long COVID, en comparación con la población general.

Información por Infobae


 
 

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