Por: JAVIER BECERRA
Es uno de los grandes iconos de la cultura pop española. El pastelito de artificioso color rosa y relleno de nata llamado Pantera Rosa irrumpió en los setenta. Se convirtió en un objeto de deseo rápidamente, tanto pos su aspecto como por su apelación al personaje de Blake Edwarsd. Se hizo omnipresente en los ochenta. Y, a partir de los noventa, la pieza de bollería alcanzaría ya la categoría de mito, a colocar en el mismo compartimento de Naranjito, la lata azul de Nivea o las carteras Perona.
Josep Pujol, la persona que lo inventó en 1973, falleció esta semana a los 86 años, tal y como recogía L’Actual. Químico catalán de Sant Vicenç de Castellet y vecino de Castellar del Vallès, logró el producto tras mezclar otro pastelino, el Bucanero, con diferentes colorantes de su laboratorio. El resultado convenció a Bimbo, que lo comercializó de inmediato. No ha dejado de venderlo hasta el día de hoy.
De hecho, raro es el supermercado que no dispensa Pantera Rosa. Sus clientes son niños y también no tan niños. Además, en los últimos años han florecido imitaciones del mismo de marca blanca.
En la actualidad, en pleno debate sobre el abuso de azúcares en la dieta infantil y el cuestionamiento de la bollería industrial, una creación así chocaría totalmente. Sin embargo, se trata de un clásico que tiene el empuje de la nostalgia de su lado.