Hoy, en Historia del cine, vengo a hablaros un poquito sobre el cine ruso y sobre Ucrania. Veamos.


Hablar del cine ruso es hablar casi en exclusiva de Eisenstein, creador de la mítica El acorazado Potemkin (1925), toda una epopeya revolucionaria, estructurada al modo de las antiguas tragedias clásicas... Pero, ante todo, lo que representó fue una gran odisea colectiva, fiel a los postulados de la revolución de rusa, donde la masa era el verdadero protagonista. Esta película podría acaparar todo un artículo, así que dejaré por ahora esto para continuar con lo que me parece ahora mismo más importante explicar.
Junto a Eisenstein, otro gran cineasta soviético fue Vsévolod Ilariónovich Pudovkin, quien destacó, sobre todo, por una trilogía revolucionaria, compuesta por Madre (1926), El fin de San Petersburgo (1927) y la anticolonial Tempestad sobre Asía (1928). En contraste con el cine de masas de Eisenstein, sus películas se centraron en el examen de la toma de conciencia política de sus personajes individualizandose.


La expresiva vitalidad del nuevo cine soviético postrevolucionario, que introdujo, como no podía ser de otra manera, una auténtica revolución expresiva en la teoría y en la práctica cinematográfica mundial, sobre todo por el implacable realismo de sus imágenes y por el empleo magistral de las posibilidades creativas del montaje, corroboró con la amplitud de su registro, al tiempo que florecían diferentes cines nacionales, en varias repúblicas de la federación, como fue el caso de Ucrania. Y es aquí donde aparece una magistral película, que es de la he venido a hablar. Se trata de Arsenal (1929), dirigida por el ucraniano Aleksandr Dovjenco, que pese a su origen campesino, fue maestro de escuela, dibujante y caricaturista antes de abandonar esa profesión para dedicarse al nuevo arte. Ya en 1928 filmó su primera película: Zvenigora, que pronto se convirtió en la primera gran película del cine ucraniano. Al año siguiente llegó su Arsenal, un film épico sobre la guerra civil. Dovjenco demostró de un modo inequívoco su gran talento creador y su capacidad en el manejo, tan importante en el cine ruso tras la revolución, de las imágenes-simbolo. En esta película queda magistralmente reflejado en su tremendo final. Atención, Spoiler... En el final de esta película, el protagonista, que es acribillado a balazos, continúa avanzando, simbolizando que las balas, por muchas que sean, no pueden detener las ideas que él representa.