Sin duda las primeras vinculaciones del niño con la sociedad son las relaciones con sus padres y hermanos, realizando en ellas la primera y fundamental formación para la vida social. Esto indica que las condiciones generales del sistema social y del individuo en formación siempre será el núcleo principal de la sociedad como es la familia y está orientada como parte de un transmisor de influencia, formando parte del proceso de identidad del sujeto. Por ello se asume que la conducta se facilita a partir de la adquisición de actitudes positivas y proactivas como normas convenientes para la vida social orientadas en la crianza positiva mediante el aprendizaje.


A lo largo de nuestra vida, vivimos situaciones en las que nos enojamos perdemos el control y agredimos a otras personas, otras veces nos ha tocado vivir agresiones de muchas maneras. Los primeros síntomas de la violencia familiar aparecen en el noviazgo, pero pocas veces los detectamos porque nos perecen comportamientos “normales”, pero el comportamiento violento está presente desde la juventud.


La violencia la podemos definir cuando una persona, un grupo, la familia, las autoridades, la comunidad o la sociedad utilizan y abusan del poder que tienen para imponer a la fuerza su voluntad o sus ideas sobre las y los que son más débiles, más vulnerables, que tienen desventajas, o no se pueden defender. La violencia se puede presentar de muchas formas todos los días y en muchos lugares.


La organización Mundial de la Salud (OMS) define a la violencia como: “el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cauce o tenga muchas posibilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”. La violencia en cualquiera de sus manifestaciones tiene un costo social demasiado elevado para los seres humanos en todos los términos y ámbitos de la actividad humana. Dicha Organización (OMS) reconoce a la violencia como un problema de salud pública, cuya naturaleza es compleja, ya que integra diversos factores como: biológicos, sociales, económicos, políticos y familiares.


Son muchas las señales que nos indican si la persona con la que se comparte un noviazgo es violenta y que lo ideal sería no seguir adelante con esa relación, aunque de momento duela mucho debido a las emociones y apegos que se generan y de seguir con una relación que en apariencia no haya violencia o bien que la haya y la minimicemos, esta violencia seguirá o aumentara después del matrimonio, desafortunadamente se pasan de largo o se restan con el pretexto de que “el amor es ciego”, de que todas las personas somos capaces de cambiar a la otra persona amén de que todo lo puede lograr el “amor”.


Y entre algunas señales que podemos observar están, el de provenir de una familia violenta, Ideas machista, Amenazas, Celos enfermizos, Conductas posesivas, La infidelidad “justificada”, imposiciones, pedir la clave de tus dispositivos para acceder a tus redes sociales, minimizar tus problemas, el chantaje, la ley del hielo (ignorarte), obligarte a tener relaciones sexuales sin tu consentimiento, Críticas negativas y desvalorización así como conductas de interés y preocupación excesivas, y los cambios que ocurren en la novia (o) maltratado (a) es que se aleja de sus antiguas amistades, conversa poco de sus problemas emocionales, duda de sus propios sentimientos, cree valer poco o nada, no sabe si desea finalizar la relación o continuar con ella, teme tomar cualquier opción, baja su rendimiento escolar o laboral, se altera su apetito (come más o esta inapetente), aunque no esté de acuerdo o discrepe, acepta la palabra y decisión de su pareja, pierde voluntad propia, el deseo de recibir amor lo canjea con su propia independencia, en ocasiones ocurre de manera prematura la maternidad / paternidad, enfermedades de transmisión sexual.


A propósito del día de San Valentín, día del amor y la amistad, y en una reflexión que en las distintas y variadas formas y modos de conceptualizar la fecha, que se delinean en la mayoría de las ocasiones desde nuestra propia culturización, una fecha que además de la que interpreta Ana Belén en su melodía “derroche, besos, ternura que derroche de amor, cuanta locura”, un amor que rebasa la culturización del capitalismo del sentir, y en esta y otras tantas conceptualizaciones donde acostumbrados a ver el amor como un sentimiento o como una mera emoción, y para otros tantos el verdadero amor es una decisión y un constructo de todos los días de forma consiente que rebasa el gusto o la emoción de estar con alguien, pero que además culturalmente nos han enseñado en la fantasía de lo que realmente es el amor y los días de San Valentín los vemos más desde la misma mercadotecnia.


Por ello estamos ciertos que el amor no es sinónimo de violencia, pero con amor bien orientado y entendido se puede erradicar la violencia,y siempre habrá opciones y acciones para poder salir, o lo que es mejor no entrar a esos círculos de violencia tales como: conocerse, valorarse y respetarse, lo que acrecentará la autoestima, aceptar y respetar la personalidad de la pareja, expresar con claridad y precisión los propios sentimientos, ideas, necesidades y opiniones, hablar en el momento adecuado, sugerir, proponer y ofrecer opciones, fomentar la individualidad y la independencia, iniciar, sostener y continuar lazos afectivos sociales (amistades, actividades escolares, laborales y familiares), no limitarse a la pareja, conocer sus derechos humanos y rechazar cualquier acto violento, de tal suerte que prevenir la violencia desde el noviazgo está en ti, además de que cuando hayas detectado cualquiera de las conductas mencionadas, es acercarse a los consejos (terapia) de los especialistas (psicólogo) además de tus padres, familiares y amigos.


 
 

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