Águila real, serpiente, nopal, caracoles, olivo, encino; agua, aire, tierra y fuego, compendian riqueza y fortaleza de una nación


Mañana se conmemora el Día de la Bandera, un símbolo patrio de identidad mexicana constituido por elementos que representan la gran biodiversidad del territorio mexicano. El escudo nacional con su flora y su fauna apostada en el centro del lábaro patrio sintetizan la riqueza biológica de un país que con solo el 1 por ciento del territorio del planeta alberga el 10% de las especies de flora y fauna que en él existen. El Escudo Nacional posee un águila real (Aquila chrysaetos) una especie que se distribuye a lo largo del país. Este año la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) señaló un importante incremento de la población de esta emblemática ave dentro de las 31 Áreas Naturales Protegidas a lo largo de país, que ayudan a su conservación.


Dentro del emblema nacional está presente una serpiente de cascabel (crotalus molossus nigrescens), una especie que influye en el medio ambiente por la dispersión de semillas. Este reptil, al igual que el águila real, son contemplados por la Norma Oficial NOM-059-SEMARNAT, dedicada a la protección ambiental de especies nativas de México. De igual forma dentro del lábaro patrio se representa un nopal (Opuntia microdasys), una cactácea endémica de América que forma parte de la gastronomía mexicana desde tiempos prehispánicos.


El símbolo —al igual que el propio México, un producto de la mezcla cultural— ha sido representado de diversas formas a lo largo de la historia mexicana. El primer antecedente como emblema formal data de 1784, cuando Carlos III de Borbón ordenó la creación de un emblema para la fundación de la Academia de San Carlos en la Nueva España, mismo que tendría gran influencia para el futuro escudo nacional mexicano. La parte inferior del emblema muestra un águila parada sobre un nopal y devorando una serpiente, adornada —por primera vez— con una rama de encino (Quercus robur L.) y laurel (Laurus nobilis L.), especies de gran importancia en la tradición europea, símbolos de fuerza y victoria.


Al consumarse las guerras de independencia, el águila del escudo portaría también una corona, representando el primer Imperio Mexicano, cuyo único monarca fue Agustín de Iturbide. Los cambios continuaron y destaca el águila juarista, de alas desplegadas, a punto de emprender el vuelo, imagen que dominó prácticamente todo el siglo XIX.Finalmente, en 1934, el presidente Abelardo Rodríguez expidió un decreto para unificar el diseño de los escudos oficiales, retomando un grabado del artista de la época Jorge Enciso, contemporáneo de grandes figuras del arte mexicano como Gerardo Murillo Cornado —Doctor Atl—, Diego Rivera y Frida Kahlo.


Es así que la versión última del escudo nacional es una mezcla de elementos mitológicos y bioculturales que representan al mismo tiempo la búsqueda de valores e identidad de nuestra nación, pero, desafortunadamente, también recuerdan los efectos del desequilibrio ecológico.


 
 

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