El conocimiento ancestral y tradicional ha ido quedando relegado como forma de conocimiento con el paso de los años. Actualmente, la ciencia juega un papel muy importante en nuestra vida estando presente en muchos aspectos de ésta, ya sea a través de nuestros smartphones o incluso en nuestra comida. Pero lo cierto, es que parte de estos logros, tienen como base al conocimiento ancestral y tradicional. Más de la mitad de los cultivos que se producen en todo el mundo fueron desarrollados por pueblos indígenas de las Américas. Por ejemplo, el maíz proporciona por si solo casi una cuarta parte de la alimentación del mundo, según PNUMA.

Cada vez más, la ciencia moderna comienza a tener ciertas limitaciones que le impiden avanzar hacia soluciones sostenibles para afrontar los futuros desafíos medioambientales a los que se enfrenta el planeta.Sin embargo, un mejor entendimiento entre la ciencia “occidental” y el conocimiento tradicional podrían ayudarnos a hacer frente a los retos futuros con el objetivo de crear una sociedad transformadora donde la sostenibilidad sea la base de su funcionamiento.

La crisis climática y ecológica obliga a las sociedades post-industriales a darse a la tarea de comprender e integrar los conocimientos tradicionales y sus formas de apropiación de la naturaleza. Sin embargo, aquí se encuentra el primer obstáculo: ¿cómo acceder a ese conocimiento si no se encuentra plasmado por escrito? La ciencia moderna construye conocimiento principalmente sobre fuentes escritas y bajo los estándares socialmente aceptados para las publicaciones científicas. Pero las ciencias tradicionales y campesinas adoptan formas de construcción y transmisión completamente diferentes y nunca limitadas a las fuentes escritas o pictóricas. Por eso, es urgente que la modernidad aprenda a reconocer y comprender esas otras formas de transmisión de conocimiento, donde la sostenibilidad son base de su funcionamiento y serán de gran ayuda en la mitigación del cambio climático.

Los pueblos indígenas y las comunidades locales son los más afectados por el cambio climático debido a su estrecho vínculo con la naturaleza y el territorio. Pero, a la vez, son los más excluidos de los espacios de toma de decisiones. Además, los pueblos indígenas han sido históricamente perseguidos por un sistema de depredación que, a pesar de todos sus intentos, nunca ha logrado someterlos. Sin embargo, muchas de estas mismas poblaciones están activamente respondiendo a las condiciones climáticas cambiantes y han demostrado innovación y resiliencia frente al cambio climático.

Por lo tanto, es indispensable ampliar el concepto de ciencia hacia los conocimientos ancestrales. En este sentido, no se trata de desconocer los avances de la ciencia moderna y sus aportes en la comprensión y la cuantificación de los fenómenos del mundo y en la mejora de la calidad de vida. Se trata de establecer un diálogo entre ambos paradigmas. Pero, en lo más profundo, allá donde los conceptos son antagónicos, debe prevalecer la lógica de la producción de diversidades, de adaptabilidad al entorno cambiante y de armonía con los procesos naturales. En la práctica, el trabajo interdisciplinario es una forma de salir de la tendencia de la especialización a generar conceptos rígidos y conocimientos aislados.

Mientras que la ciencia formula principios y teorías que tratan de describir a la naturaleza y sus procesos, los sistemas de conocimiento propio de las regiones indígenas desarrollan valores, creencias y costumbre cuyo objetivo primordial es el entendimiento y respecto al medio ambiente y al universo. La nueva era digital impulsada por las nuevas tecnologías de la información y comunicación son una oportunidad clave para revitalizar el conocimiento indígena y dotarles de un importante rol en la lucha contra el cambio climático y la optimización de los recursos. Las TICs ofrecen infinidad de vías para representar y divulgar el conocimiento a través de diferentes formas de expresión permitiendo de esta manera que los sistemas productivos milenarios (el conocimiento tradicional ), llegue a difundirse por todo el mundo. Además, esto ayuda a promover no solo su divulgación sino también su conservación en el tiempo para décadas futuras.

 

 Los sistemas productivos milenarios a lo largo y ancho del mundo son la demostración viva de que ese conocimiento encierra el verdadero paradigma de la sostenibilidad. Comprender estos sistemas, su historia y sus fundamentos es comprender la memoria histórica de la humanidad que ha logrado existir y reproducirse, material y culturalmente, a lo largo de miles de años sin dañar los procesos naturales. Enfoques como el etnoecológico ofrecen instrumentos para la recuperación de estos saberes, a la vez que se constituyen en torno a los mismos valores filosóficos y éticos que son las bases del conocimiento tradicional y que le dan sentido a la vida y a la existencia humana, en oposición al sistema dominante cuyo fin último es la acumulación. Por esto, la ciencia tradicional no es únicamente un corpus de conocimiento indispensable para afrontar los impactos de la crisis climática. Es, además, el principal antídoto contra la amnesia de la modernidad.


 
 

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