En los últimos años hemos sido testigos del auge de una cultura enfocada en el bienestar. Conceptos como wellness, mindfulness, autocuidado, terapias holísticas y desarrollo personal forman parte del lenguaje cotidiano y de millones de publicaciones en redes sociales. La invitación a comer mejor, hacer ejercicio, descansar, recibir un masaje o dedicar tiempo al cuidado personal representa, sin duda, un avance en la manera en que entendemos nuestra calidad de vida.
Sin embargo, en medio de esta tendencia también ha surgido un riesgo: confundir el bienestar con la salud mental.
Es cierto que muchas de estas prácticas generan relajación, reducen el estrés y favorecen una sensación de equilibrio. Nadie podría negar sus beneficios cuando forman parte de un estilo de vida saludable. El problema aparece cuando se presentan como soluciones suficientes para enfrentar trastornos psicológicos o psiquiátricos que requieren una atención especializada.
La salud mental va mucho más allá de sentirse bien por un momento. Implica comprender procesos emocionales complejos, afrontar pérdidas, crisis, ansiedad, depresión, traumas o cualquier otra condición que puede afectar profundamente la vida de una persona. En muchos casos, el camino hacia la recuperación no es sencillo ni inmediato; requiere acompañamiento profesional, evaluación clínica y, cuando es necesario, tratamiento psicológico, psiquiátrico o médico sustentado en evidencia científica.
Reducir la salud mental a frases motivacionales, rutinas de autocuidado o tendencias de moda puede generar falsas expectativas y, peor aún, retrasar la búsqueda de ayuda profesional. No todas las personas superarán un trastorno con meditación, ejercicio o una actitud positiva. Si bien estas herramientas pueden complementar un tratamiento, no deben sustituirlo.
Como sociedad necesitamos avanzar hacia una cultura que normalice pedir ayuda sin estigmas y que reconozca que cuidar la salud mental implica mucho más que seguir tendencias de bienestar. Significa entender que cada persona vive procesos distintos y que la atención debe ser integral y multidisciplinaria.
Promover el bienestar siempre será positivo. Pero es igualmente importante no trivializar la complejidad de la salud mental. Hablar de ella con responsabilidad, informarnos y reconocer cuándo es necesario acudir con profesionales constituye un verdadero acto de autocuidado.
Porque la salud mental no debe romantizarse; debe comprenderse, atenderse y priorizarse.
Dra. Angélica Arroyo Álvarez