Resulta difícil asimilar sin recelo el tópico "Al fin descansa" aplicado a Whitney Houston, cuya muerte accidental el 11 de febrero de 2012 tras unos atribulados últimos años no puso fin al río de noticias y eventos que desde entonces han seguido exprimiendo la memoria y desgracia de la voz más premiada de la historia.

Sin su aquiescencia, aunque a menudo con el consentimiento de quienes debían velar por la integridad de su legado, en este tiempo no han dejado de publicarse libros, documentales y crónicas que han abundado en las claves de su éxito y posterior caída, pero de entre todo ello, ha habido poco que rascar en el ámbito que la encumbró: la música y su garganta privilegiada.

 


 
 

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