Hace un par de días leía un escrito del ex ministro de la suprema corte de justicia de la Nación, el Dr. Arturo Fernando Zaldívar Lelo de Larrea, quien hizo una reflexión que me pareció muy interesante compartir con ustedes, dados los temas de prevención sobre diferentes tópicos que cada ocho días compartimos con ustedes apreciables lectores, y que igualmente nos invita a la reflexión y la acción de medidas que podemos tomar al respecto, dicho escrito versa sobre las nuevas tecnologías, que si bien es cierto han revolucionado los temas sobre el conocimiento, la información, comunicación, educación, entretenimiento etcétera, también han traído consigo ciertas entropías, dado que no siempre se utilizan de manera adecuada, el texto versa sobre la primer encíclica publicada por el líder espiritual de la iglesia católica el papa León XIV, con un tema central, sobre las nuevas tecnologías la cual se titula “La custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.

Al respecto el ex ministro asentó que: “El Punto de partida de la encíclica, es que la tecnología no es neutral y toma el rostro de quien la concibe, financia regula y utiliza, de ahí la importancia de gobernarla de un modo que proteja la dignidad humana, la igualdad, la libertad y el bien común, hoy en día las plataformas, las infraestructuras digitales y los propios sistemas de inteligencia artificial están en su mayoría en manos privadas quienes las poseen, deciden las condiciones de acceso, los grados de transparencia, las reglas de visibilidad, y el rumbo futuro de estas tecnologías, y una consecuencia de ello es que el poder que define las condiciones de la vida común ya no reside solo en el Estado, sino en grandes actores económicos y tecnológicos que ejercen un poder de hechos sobre millones de personas en el mundo, y cuando esa potencia se orienta por una lógica puramente extractiva, su enorme promesa se vuelve contra todas las personas, y aparecen nuevas dependencias, nuevas barreras, nuevas formas de exclusión, la encíclica propone parámetros para estos sistemas de inteligencia artificial que casi cualquiera puede suscribir  a saber: la dignidad de la persona, el cuidado de los más frágiles, los bienes que deben servir a todos y la paz, y los traduce además en prácticas concretas como: auditorías independientes, transparencia de los algoritmos, acceso equitativo a los datos, y mecanismos de apelación”.

Además cita el ex ministros en su reflexión que “en un tiempo de polarización desinformación y conflictos crecientes en el que se enaltece la contracultura, una cultura del poder que se impone desde el poder económico mediante la fuerza, la encíclica reivindica lo contrario, pues  organiza la vida común de manera democrática y colectiva desde abajo, con la participación de todos los afectados empezando como debe de ser por los más vulnerables, la tecnología puede ampliar la participación y la justicia o puede ensanchar la desigualdad y la exclusión, cuál de las dos cosas haga no lo decidirá la máquina lo debemos decidir nosotros y termina citando que solo si elegimos custodiar la dignidad de cada persona, estaremos a la altura de nuestros mejores ideales”.


 
 

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