El evento mundial en el que se adoptan acuerdos entre más de 190 países sobre las acciones frente a la crisis climática comenzó el 31 de octubre y termina hoy 12 en Glasgow, Escocia. Se ha realizado una COP todos los años desde 1995, excepto el año pasado, cuando se canceló debido al Covid-19. Reino Unido acogió la reunión de este año, la cual termina hoy, denominada COP26. El objetivo es acordar nuevas medidas para cumplir con los compromisos de reducción de emisiones y apoyo financiero asumidos en el marco del Acuerdo de París alcanzado en 2015.

La COP26 pretende demostrar la urgencia y las oportunidades de avanzar hacia una economía neutra en carbono, así como el poder de la cooperación internacional para hacer frente a los retos más graves a los que se enfrenta el mundo. La meta principal de la COP 26 es impedir que el calentamiento del planeta sobrepase un aumento de 1,5 °C (grados centígrados) respecto al siglo XIX. Y para ello se requieren recortes drásticos y urgentes en las emisiones de CO2 o dióxido de carbono, el principal gas de invernadero liberado por la quema de combustibles fósiles. La temperatura del planeta aumentó 1,1 grados en promedio.

Fue en los Acuerdos de París, adoptados en la COP21 en 2015, que la mayoría de los países del planeta se comprometieron a "mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C". Esto es importante ya que cuando superamos un aumento de 1,5 °C los efectos negativos comienzan a darse en forma no linear , eventos como el calor extremo, daños por ciclones tropicales, inundaciones por precipitaciones más intensas, todo ese tipo de impactos dañinos y letales se vuelven más comunes e intensos a medida que el calentamiento supera los 1,5 °C.

Medio grado en la temperatura hace una gran diferencia, con un aumento de 2 °C, por ejemplo, los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más importantes del planeta, prácticamente desaparecen. Si se quiere cumplir la meta de 1,5 °C habrá que disminuir las emisiones CO2 en un 45% para el año 2030. Y para 2050 las emisiones deben alcanzar el cero neto (es decir, el CO2 emitido debe compensarse por mecanismos que absorban el gas, como la plantación de árboles, o tecnologías que capturen el gas y lo almacenen en forma subterránea).

Sin cambios drásticos en las emisiones, el mundo se dirige a un aumento de temperatura de al menos 2,7 °C para fin de siglo. El cambio climático se está intensificando, afecta ya a todas las regiones del planeta, según el informe de agosto del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, IPCC. 2021 ha dejado cientos de muertes por inundaciones, olas de calor, huracanes e incendios forestales, eventos que son más frecuentes y más intensos debido al cambio climático. Hoy nuestro futuro y presente están en riesgo. Esta crisis nos ha alcanzado y está en juego la vida, sobre todo de las comunidades más vulnerables.

La ciencia es clara en que la ventana de tiempo que tenemos para mantener vivo el objetivo de 1,5 ℃ y evitar los peores efectos del clima cambio, se está cerrando rápido. Para que todo esto sea posible, es imprescindible la transformación verde del sistema financiero, de manera que todos los países puedan impulsar inversiones limpias y resilientes.

Las alarmas están sonando. Nuestro planeta nos está diciendo algo.


 
 

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