Se entiende moda rápida como el fenómeno por el cual se introducen colecciones de ropa que siguen las últimas tendencias de la moda y que han sido diseñadas y fabricadas de forma acelerada y a bajo costo. Así, la industria le ofrece al consumidor la posibilidad de acceder a prendas novedosas a precios asequibles y de forma continua, con cerca de 50 colecciones al año -distinto a las tradicionales colecciones anuales de primavera/verano y otoño/invierno. Esta tendencia consumista ha hecho que el promedio de uso de una prenda nueva sea de solo siete veces antes de ser desechada y que, en los últimos 20 años, se haya presentado un aumento del 400% en el consumo de ropa en el planeta.

Para el medio ambiente, no es lo mismo comprar una fibra natural (Slow Fashion) que una sintética (Fast Fashion). La diferencia puede ser entre que, cuando la deseches, esa prenda tarde de 1 semana hasta 500 años o más en desaparecer por completo. Y aquí es cuando escuchamos esa voz lejana de nuestra madre o abuela diciendo “es que las cosas ya no las hacen como antes”, “en mis tiempos la ropa era de calidad”, “esta falda la usamos yo y tus seis tías y aún está perfecta”… Aunque suene a sermón, ¡es totalmente verdad!

Antes de pensar en comprar ropa nueva, debes conocer el tiempo estimado en que una prenda tarda en degradarse o descomponerse:

Par de calcetines: 1 semana a 5 meses
Bolso de piel: 50 años
Lycras y top deportivos: 20 a 200 años
Vestido de poliéster: más de 200 años
Sueter de lana: 1 a 5 años
Casaca de jean: 10 a 12 meses
Blusa: 2 semanas
Medias de nylon: 30 a 40 años

 


Comprar más, usar menos. Es la fórmula de consumo acelerado que tiene a la moda entre una de las industrias más contaminantes del planeta. Las marcas Fast Fashion siguen la tendencia de la obsolescencia programada, la cual pone fecha corta de caducidad a los productos para que duren menos y, entonces, compremos más. Si a esto se suma que la mercadotecnia nos hace desear cosas que no necesitamos, el ciclo del consumismo se vuelve una máquina con engranaje perfecto.La ropa es responsable de generar 92 millones de toneladas de desperdicios sólidos al año en todo el mundo. Además, esta, al confeccionarse produce 1,715 millones de toneladas de emisiones de CO2, lo cual fue el 5.4% del total generado el año pasado. O sea, contaminación al por mayor y sin límites.

En la actualidad, contamos con muchos estudios que arrojan evidencia del impacto ambiental que tiene la industria de la moda, acelerada con la fast fashion. ¿Qué podemos hacer ante esto? ¿Has pensado que quizá ya no usas un suéter porque se descosió?

¿El reciclaje ayuda?


Aunque la ciencia y la tecnología han hecho que materiales inservibles vuelvan a tener vida útil, el porcentaje de reciclaje de ropa aún es pequeño. Solo en Estados Unidos se recicla un 9% de todo lo que se desecha y menos del 1% puede servir para rehacer nuevas prendas. 

El camino hacia un futuro sostenible comienza con un consumo responsable. Adoptar este estilo de vida impacta en muchos rubros: nuestra alimentación, la manera en que nos transportamos, la ropa que usamos.  Varias medidas pueden tomarse en función de modificar nuestro comportamiento para volverlo más responsable con el medio ambiente. Algunas de ellas pueden ser preocuparse por los materiales con los que se fabrica la ropa que compramos, priorizar la compra de ropa manufacturada o no tirar a la basura la ropa que dejas de usar. 


 
 

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