La Administración Pública enfrenta desafíos cada vez más complejos. Vivimos tiempos en los que las instituciones deben responder con eficacia, transparencia e innovación a las demandas ciudadanas. En este contexto, la investigación, el análisis y la generación de conocimiento se convierten en elementos fundamentales para construir Estados más cercanos, más eficientes y más comprometidos con el bienestar colectivo.
Por ello, este logro representa también un compromiso. Un compromiso con la verdad, con la evidencia científica, con la mejora continua de las políticas públicas y, sobre todo, con la construcción de una sociedad más justa, incluyente y democrática donde la educación tenga un papel crucial. Además, con los recientes resultados de la prueba PISA también enfrentamos retos colectivos.
La ciudadanía mexicana debemos asumir el compromiso de respaldar a las infancias, adolescencias y juventudes para incrementar su capacidad lectora. Hecho que está íntimamente ligado a la importancia de compensar con educación, la falta de oportunidades de la mayoría de la población y que origen no sea destino, ello principalmente puede cambiar con educación. No tenemos derecho a permanecer indiferentes.
Detrás de cada discurso, de cada artículo y cada investigación existe la posibilidad de mejorar una política pública; detrás de cada propuesta existe la oportunidad de fortalecer una institución; y detrás de cada decisión existe la posibilidad de impactar positivamente la vida de miles de personas.
Desde la Administración Pública no podemos cerrar los ojos a la aspiración de la igualdad ya que más de la mitad de la población somos mujeres. En México, las mujeres representamos aproximadamente el 54.4 % de los egresos universitarios totales a nivel superior, superando a los hombres en las licenciaturas, aunque en los niveles de posgrado avanzados (maestrías y doctorados) la brecha se comporta de manera distinta según la disciplina y el tipo de institución.
Pero aquí viene el desconcierto ¿Sabían que a pesar de que nos graduamos más mujeres que hombres, la participación económica es menor por 30 puntos porcentuales aproximadamente? Cerca de 76% de los hombres tienen un empleo formal, mientras menos de 45% de las mujeres participan en el mercado laboral formal. Y esta cifra deja de lado que la desigualdad persiste dentro de los centros laborales, incluso entre mujeres y hombres que tienen el mismo nivel educativo.
Yo encontré que las brechas salariales en al interior de distintas instituciones se ubicaban entre 14% y 26% para 2024 lo que contrasta con la brecha salarial a nivel nacional que se ubicaba en 16%. Ahora sabemos que el acceso a la educación superior no garantiza per sé autonomía económica, pues el problema de la desigualdad no termina en el aula, sino que continúa en las reglas, incentivos y condiciones del mercado de trabajo, aparejado con las estructuras de dominación históricas. Y las desventajas se multiplican conforme se presentan, edad, estado civil, preferencia sexual, presencia de alguna discapacidad, origen étnico. Una realidad social más justa requiere que trabajemos en cerrar estas brechas para que podamos garantizar el acceso a derechos de todas las personas.
Debemos ir más allá de la reflexión, y comprometernos las necesidades de la sociedad. Nos enfrentamos a un gran reto de grandes transformaciones digitales, la Inteligencia artificial está revolucionando las relaciones y las interacciones humanas como hace 20 años lo hicieron las redes sociales, como hace 40 lo había hecho la llegada de las computadoras a los mercados masivos. La actualidad está llena de cambios que nos hacen cuestionar los límites del conocimiento, de las capacidades humanas y de la humanidad misma.