Hay algo que siempre me ha gustado de Zacatecas: caminar sus calles, recorrer sus comunidades y, sobre todo, escuchar a su gente. Cada vez que tengo oportunidad de salir a territorio, lo hago con la convicción de que ahí, en el encuentro directo con las personas, es donde verdaderamente se comprende lo que significa servir desde el gobierno.
Porque gobernar no puede hacerse únicamente desde un escritorio. Las cifras, los informes y los programas son indispensables, pero adquieren sentido cuando conocemos los rostros, las historias y las necesidades de quienes todos los días construyen nuestro estado.
Caminar Zacatecas permite mirar de cerca su enorme diversidad. Cada municipio tiene sus propios retos, pero también una gran riqueza construida por mujeres y hombres que trabajan todos los días para sacar adelante a sus familias y comunidades. Escucharles nos recuerda que detrás de cada decisión pública hay personas que esperan respuestas, oportunidades y un gobierno cercano.
La Cuarta Transformación nos ha enseñado precisamente eso: que el ejercicio del servicio público debe tener como punto de partida a la gente. Significa recuperar una forma de gobernar que escucha, que recorre el territorio y que entiende que las mejores decisiones se construyen cuando existe cercanía con las comunidades.
Por eso disfruto tanto cada oportunidad de salir a territorio. Caminar las calles de Zacatecas, conversar con comerciantes, trabajadoras y trabajadores, jóvenes, personas mayores y familias enteras permite conocer aquello que muchas veces no alcanza a reflejarse en un documento. En esas conversaciones aparecen preocupaciones, pero también propuestas, sueños y un profundo amor por nuestra tierra.
Escuchar también es una forma de reconocer. Es decirle a cada persona que su experiencia importa y que su voz debe formar parte de la construcción de las soluciones públicas. Esa cercanía permite que las instituciones comprendamos mejor dónde debemos poner nuestros esfuerzos y cómo podemos servir de manera más eficiente y humana.
El segundo piso de la transformación requiere justamente mantener esa cercanía. No perder de vista que las instituciones existen para servir y que quienes tenemos una responsabilidad pública debemos ejercerla con sensibilidad, compromiso y los pies puestos en el territorio.
Zacatecas se transforma todos los días desde sus comunidades, sus colonias, sus municipios y sus calles. Ahí están las personas que hacen posible nuestro estado y ahí debemos estar quienes tenemos la responsabilidad de servirles.
Mientras exista la oportunidad de caminar, escuchar y encontrarnos con nuestra gente, habrá también una oportunidad para seguir construyendo un Zacatecas más cercano, más justo y con bienestar para todas y todos.
Porque transformar también significa estar presentes. Y para gobernar bien, primero hay que saber escuchar.
Maricarmen Salinas