Sin duda una de las mejores etapas del ciclo de la vida, es la maravillosa infancia, etapa de mucha co-dependencia al padre, la madre, tutores o cuidadores (abuelos), siendo estos los mentores en el transitar del crecimiento y desarrollo de las habilidades y capacidades intelectuales, emocionales, sociales y motrices de los aprendices de vida. Este periodo es uno de los más importantes ya que abarca desde el nacimiento hasta antes de la adolescencia, se divide en una primera y segunda infancia; con el objetivo de crecer, descubrir y desarrollarse física, cognitiva y emocionalmente. Esta fermentación del ser humano se lleva a cabo en el núcleo principal de la sociedad que es la familia, recinto ideal para detectar a tiempo anormalidades congénitas en la infancia.
En México, el cáncer infantil es la primera causa de muerte por enfermedad en niños, niñas y adolescentes de 5-14 años, lo anterior a propósito del día internacional contra el cáncer infantil que se celebra cada el 15 de febrero de cada año, y por supuesto es apremiante la concientización, educación y prevención de este enigmático tema. La leucemia linfoblástica aguda (LLA), es el cáncer más común en niños, niñas y adolescentes mexicanos, que aunque la etiología se desconoce, el componente genético es el principal factor de riesgo. El diagnóstico es todo un reto, tanto, que hasta los pilares familiares pueden no prestar atención a los síntomas, por tener la creencia que es un “proceso normal” del crecimiento, esta gran simuladora puede manifestar una variedad de síntomas inespecíficos, que pueden confundir fácilmente hasta el ojo más experto.
Algunos mitos de la infancia que se expresan en la consulta de primer nivel, es pensar que el crecimiento del niño o niña suele doler y que es normal presentar un semblante pálido, perdida de peso y fatiga, solo por el simple hecho de crecer, lamentablemente la cultura, el ajetreo diario, el trabajo y los roles dispersos en la educación familiar son algunos factores que impiden el adecuado conocimiento personal y familiar en la detección de enfermedades. El principal reto es la comunicación asertiva, siendo esta la piedra angular en la prevención, sin ella los infantes no tendrían la oportunidad de expresar su malestar y por ende tener una atención tardía al problema de salud.
Dentro de las manifestaciones clínicas se puede encontrar la pérdida de peso evidente y no intencionada, cansancio o fatiga, dolor óseo constante y persistente, sudoraciones nocturnas sin causa aparente o fiebre por más de 7 días sin motivo y que no cede con medicamento, palidez de piel y conjuntivas, crecimiento de bolitas en cuello, ingle o axilas, dolor y contractura de cuello (torticolis), sangre en orina, encías o nariz, puntos rojos o moretones en la piel repentinos sin justificación, reflejo blanco en pupila, dolor de cabeza persistente que despierta durante el sueño y aumento de tamaño en el abdomen o cualquier parte del cuerpo, etc., Cada uno de los signos o síntomas antes mencionados deben ser estrictamente supervisados y estudiados por un médico o médica, ya que entre más temprano se detecte la sintomatología, mayor será la supervivencia y posibilidades de una cura para el paciente.
Si sospechas que tu hijo o hija presenta uno o varios de los signos y síntomas que antes se mencionan, lo primero que debes hacer es mantener la calma, no angustiarte sin aun saber el origen de los síntomas, acudir lo antes posible con el médico o médica de cabecera para realizar un interrogatorio, revisión a profundidad e iniciar un protocolo de estudio de los síntomas, se realizará una exploración física detallada y se solicitaran pruebas auxiliares para el diagnóstico. Actualmente la gama de tratamientos ofertados para cada tipo de cáncer, es sumamente eficaz y gracias a los avances científicos, hoy se puede decir que el cáncer es curable si se detecta a tiempo. Unidos por la salud familiar, juntos detectemos con amor.