Zacatecas volvió a llenarse de color, música y tradición con la celebración del Festival del Día de Muertos 2025. Bajo el lema “Somos tradiciones”, miles de familias se dieron cita en el Centro Histórico para presenciar uno de los desfiles más esperados del año, en el que la memoria y la cultura se encontraron para rendir homenaje a quienes nos precedieron. Este año, más de 70 mil personas participaron como público, lo que refleja el profundo arraigo que esta festividad tiene entre las y los zacatecanos.
El desfile se convirtió en una verdadera fiesta colectiva. Calles y plazas fueron escenario de catrinas monumentales, carros alegóricos, comparsas, danzas tradicionales y música que recordaron la riqueza cultural del estado. Veracruz, como estado invitado, aportó un toque especial con un contingente de más de 300 personas que compartieron sus tradiciones, sones y vestuarios, tejiendo un lazo de hermandad entre dos pueblos unidos por la celebración de la vida y la memoria. La mezcla de elementos zacatecanos y veracruzanos dio como resultado un espectáculo vibrante que honró la diversidad y la creatividad de nuestro país.
Más allá de su impacto visual, el desfile fue una expresión viva de identidad. Niñas, niños, jóvenes y adultos participaron con entusiasmo, mostrando que esta celebración no pertenece solo al pasado, sino que se renueva y fortalece con cada generación. La presencia de familias enteras a lo largo del recorrido reafirmó el sentido de comunidad que caracteriza a Zacatecas, donde la tradición no es un recuerdo estático, sino una herencia compartida que se transforma en orgullo.
Las autoridades estatales destacaron que el festival busca no solo preservar las costumbres, sino también ofrecer un espacio seguro de convivencia y fortalecer la identidad cultural de las nuevas generaciones. De hecho, se trabaja para que el Festival del Día de Muertos sea declarado patrimonio cultural del estado, un reconocimiento que sin duda merece por su relevancia social y simbólica.
Este desfile no solo dejó postales inolvidables, sino también un mensaje de esperanza y pertenencia. En cada flor de cempasúchil, en cada rostro pintado y en cada ofrenda se manifestó el amor por la vida y por quienes ya no están, recordándonos que la muerte, en nuestra cultura, no es ausencia sino presencia en otra forma. Zacatecas volvió a demostrar que cuando se celebra desde el corazón, la tradición se convierte en un acto de unión y orgullo colectivo.
María del Carmen Salinas Flores
Secretaria de Administración