Por Maricarmen Salinas Flores
Hay frases que nacen en una cancha, pero terminan describiendo el ánimo de todo un país. “¿Y si sí?” es una de ellas. No es un grito de euforia ni una promesa de victoria. Es algo más poderoso: la decisión de creer cuando durante años nos acostumbramos a pensar que no era posible.
La Selección Mexicana llegó al Mundial de 2026 rodeada de dudas. Había quienes anticipaban otro fracaso, otra historia repetida. Sin embargo, partido a partido, comenzó a construir algo distinto: confianza, orden y la sensación de que esta generación podía romper los límites que durante décadas parecían inevitables. Hoy, por primera vez, México terminó una fase de grupos con paso perfecto y sin recibir gol, despertando una ilusión que se resume en una sencilla pregunta: ¿y si sí?
Quizá esa pregunta también explica mucho de lo que vive nuestro país.
La Cuarta Transformación nació precisamente desafiando la idea de que había cosas imposibles de cambiar: que la corrupción era parte de nuestra cultura, que el desarrollo solo beneficiaba a unos cuantos, que las regiones históricamente olvidadas debían conformarse con seguir esperando.
Cada política pública, cada obra de infraestructura y cada apuesta por disminuir las desigualdades parte, en el fondo, de la misma lógica: creer que México puede ser diferente si existe voluntad colectiva para construirlo.
No significa que todo esté resuelto. Tampoco que los resultados lleguen de inmediato. En el fútbol, como en el gobierno, la esperanza por sí sola no gana partidos ni transforma realidades. Se necesita disciplina, trabajo constante, liderazgo y capacidad para corregir errores.
Y en ese escenario, Zacatecas también tiene su propio “¿Y si sí?”.
Durante mucho tiempo se habló del estado únicamente por sus dificultades. Pero también existe otro Zacatecas: el de la gente que emprende, el que produce, el que conserva un enorme patrimonio cultural, el que forma profesionistas, el que innova y el que todos los días demuestra que puede convertirse en un referente del desarrollo del norte del país.
Creer en Zacatecas no significa ignorar sus desafíos. Significa reconocer que el talento de su gente vale más que cualquier estigma.
Así como un equipo de fútbol necesita que toda la tribuna empuje en la misma dirección, un estado necesita que ciudadanía, gobierno, empresarios, universidades y comunidades compartan un mismo propósito.
Porque las grandes transformaciones siempre comienzan igual: alguien se atreve a pensar que aquello que parecía imposible, tal vez no lo sea.
Por eso la frase ha conectado con millones de mexicanos. No habla solamente de fútbol. Habla de una forma de mirar el futuro.
¿Y si sí podemos romper viejos límites?
¿Y si sí podemos construir un país con mayor justicia?
¿Y si sí Zacatecas logra convertirse en el estado que sabemos que puede ser?
La historia demuestra que los cambios más importantes empiezan cuando dejamos de preguntar por qué no… y comenzamos, juntos, a responder con hechos: ¿y si sí?